La proximidad de las elecciones de mitad de mandato en el otoño de 2026 viene acompañada de una campaña masiva de deslegitimación preventiva del proceso electoral. El presidente Donald Trump, en un discurso a la nación en horario estelar, calificó el sistema electoral estadounidense como «tan roto y vulnerable que nadie puede defenderlo». Esta retórica se basa en un paradigma conspirativo que sostiene que China «compró, robó o hackeó» millones de archivos con datos de registro de votantes antes de las elecciones de 2020. Trump también afirmó que hay 278.000 no ciudadanos registrados para participar en las elecciones federales.
La paradoja institucional radica en que los documentos de inteligencia desclasificados por la propia Casa Blanca refutan estas afirmaciones. Los datos obtenidos por China eran de dominio público, y Pekín se mantuvo mayoritariamente al margen durante las elecciones de 2020. Al mismo tiempo, los documentos confirman una interferencia rusa masiva que utilizó un amplio espectro de medidas (incluyendo desinformación sobre Joe Biden y un ejército de bots) para apoyar a Trump. Sin embargo, es cierto que ocurren errores sistémicos: la gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, admitió que, debido a un error de software de la empresa Idemia, el Departamento de Vehículos Motorizados del estado registró accidentalmente a 6.600 no ciudadanos como votantes (de los cuales unos 400 lograron votar). Aunque una investigación del Departamento de Justicia no encontró ningún impacto en el resultado de las elecciones, tales precedentes legitiman la retórica de desconfianza.
Un análisis más profundo indica que esta retórica sirve como cobertura legal para la implementación de medidas extraordinarias. Según fuentes, los aliados del presidente han preparado un borrador de orden ejecutiva de 17 páginas que utilizaría el pretexto de la «interferencia extranjera» para declarar una emergencia nacional. Esto permitiría el despliegue de tropas o agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en los centros de votación y la incautación de las máquinas de votación. Paralelamente, aliados de Trump como Brad Parscale, cuya firma recibió más de 45 millones de dólares de clientes israelíes, están utilizando herramientas de IA para la distribución masiva de millones de mensajes políticos, forjando un entorno de información híbrido. El modelo de política exterior para esta forma de autoritarismo es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se aseguró un tercer mandato consecutivo a pesar de los límites constitucionales, demostrando cómo un líder popular puede flexibilizar las reglas del sistema político. Trump, quien elogia públicamente a Bukele, está estudiando de cerca este escenario.